Entramos en las nubes de un cielo que estaba sucio. Amordazada por una niebla densa, la luz se restregaba ansiosa fuera en las ventanillas, a lengüetazos. Las gotas, de barrigas preñadas, se reventaban kamikazes contra los minúsculos cristales del avión. Para cuando anunciaron las turbulencias yo ya rezaba y, en un momento de sinceridad apocalíptica, te hablé de él. De la miel de vivir lo ajeno y recuerdo que lloré. Me miraste agradecido, por la confianza de contártelo. Amainó y la claridad secuestrada se esparció como un triunfo por la cabina. Al bajar del avión ya no fuimos los mismos.
La moda de la Selva Negra
10.6.13
Mudanza
Entramos en las nubes de un cielo que estaba sucio. Amordazada por una niebla densa, la luz se restregaba ansiosa fuera en las ventanillas, a lengüetazos. Las gotas, de barrigas preñadas, se reventaban kamikazes contra los minúsculos cristales del avión. Para cuando anunciaron las turbulencias yo ya rezaba y, en un momento de sinceridad apocalíptica, te hablé de él. De la miel de vivir lo ajeno y recuerdo que lloré. Me miraste agradecido, por la confianza de contártelo. Amainó y la claridad secuestrada se esparció como un triunfo por la cabina. Al bajar del avión ya no fuimos los mismos.
3.6.13
Inexorable
Va
cargada. Son los plumieres, las libretas y las reglas. Que mañana
es el primera día de escuela y hay que ponerse las pilas. Va
cargada. Son cuatro gintonics, o¿
eran cinco? Anda, que traspiés más tonto, serán los zapatos, que
son nuevos y con esos tacones. Va cargada. Y qué caliente está en
el bolso. Le quema la cadera y le pesa en el alma. Es la Parabelum.
Cuando llega a casa: lo de siempre, los niños:
de alboroto, mirando la tele. Y él parece no estar. Tendrá que
volver a prorrogarlo. Ya es sólo una cuestión de tiempo.
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