La moda de la Selva Negra

30.9.12


Lindos gatitos

El viejecito era adorable. Las madres no tenían ningún reparo en dejar a sus tiernos retoños en la cercanía del anciano. Llegaba por las mañanas cargado de cartones de leche, se sentaba en el banco más cercano al estanque y antes de dedicarse a su tarea cotidiana, echaba una cabezadita. Al levantarse atraía a los gatos que merodeaban a bandadas y les iba llenando los cacharritos para que bebieran. Se granjeaba con el gesto la simpatía y el respeto de los paseantes. Los gatos enfermaban días más tarde. Y morían en sus guaridas, lejos del parque.

18.9.12


Terapia del dolor

Fue alrededor de esta casa, que ahora está sorda, y preñada de secretos abominables. Recuerdo un sol ardiente que me quemaba la piel en las tardes de estío, cuando jugaba con mis hermanos a las canicas. Veladas interminables de risas alborotadas con mis padres. Los besos inocentes con mis primeros novios, a hurtadillas. Las aceras amables, sin peligro. Vivía en un cuerpo tibio, de cervatillo, al que le sobra corazón. Esperaba impaciente las manos que entendieran mi idioma. Aquellos días felices. Y, sin embargo, son recuerdos prestados, usurpados de la memoria de otros. Reinventados y sin pátina. Para no sufrir.